TEORÍAS DE LA JUSTICIA
Brian Barry
En la actualidad, la internacionalización de los problemas de la justicia
exige reconsiderar a fondo sus principios objetivos, porque conceptos tan
importantes como, por ejemplo, la justicia social requieren nuevas y sólidas
bases.
En Teorías de la justicia, el eminente investigador en Ciencia
Política, Brian Barry, ofrece un análisis detallado y sistemático de dos
teorías que considera como rivales: la justicia entendida como garantía de la
ventaja mutua y la justicia entendida como principio de imparcialidad. Ambas
teorías comparten dos rasgos importantes. Primero, tienen en común la idea de
que las cuestiones de justicia surgen cuando hay un conflicto de intereses
entre personas o grupos diferentes y, en segundo lugar, también comparten la
idea de que la justicia es algo sobre lo que podría alcanzarse un acuerdo
racional. Pero, ¿cómo difieren entre sí los dos enfoques?
Desde la primera perspectiva se privilegia la idea de que el acuerdo
refleje obligaciones que se derivan de la apelación al propio interés del
individuo en comportarse de manera justa, mientras que el segundo enfoque no
queda restringido por la exigencia de que cada uno esté convencido de que ser
justo es ventajoso para él.
Con la exposición y el análisis crítico de los fundamentos de estas dos
teorías, Brian Barry amplía sustancialmente el debate sobre la justicia social
que comenzó a revolucionar el pensamiento jurídico desde la aparición de la Teoría
de la justicia, de John Rawls.
Brian Barry ha sido profesor de Ciencia Política en la London School
of Economics y ocupa actualmente la cátedra Arnold A. Salzman de Filosofía y
Ciencia Política de la Universidad de Columbia. Es autor, entre otros títulos,
de Politics Argument, Sociologists, Economists and democracy.
Su obra más reciente es Culture and Equality.
Foro
Iberoamericano sobre Justicia Social
Desarrollo Integral con Equidad
Informe
El Foro
Iberoamericano sobre Justicia Social: Desarrollo Integral con Equidad, se
desarrolló en Caracas los días 19 y 20 de junio del año en curso, organizado
por la Secretaría pro Tempore en el marco de los eventos preparatorios de la
VII Cumbre Iberoamericana.
Este
encuentro tuvo por finalidad crear un espacio de reflexión en torno a las
vinculaciones entre los conceptos de justicia social y democracia a la luz de
los factores económicos, sociales y culturales, presentes en el proceso de
globalización.
Marco
conceptual
La visión común del Desarrollo Social tiene, entre otros objetivos, la
promoción de la Justicia Social como instrumento determinante para la
satisfacción equitativa de las necesidades del hombre, como centro y objeto de
la visión antropocéntrica de todo desarrollo económico, con pleno respeto de
los derechos humanos y libertades fundamentales. El que una quinta parte de la
población mundial viva en la pobreza, el hambre, la enfermedad y el
analfabetismo, nos compromete a crear un entorno económico, político, social,
cultural y jurídico favorable para promover el acceso más equitativo de todos
los ingresos, los recursos y los servicios sociales.
En un mundo
donde la exclusión social representa una de las más graves manifestaciones del
actual sistema internacional, es preciso orientar los valores, objetivos y
prioridades hacia el bienestar de todas y cada una de las personas que
conforman su población. El fortalecimiento y la promoción de las instituciones
y las políticas que persiguen ese objetivo, en el marco de la equidad y la
justicia social, se convierten en valores fundamentales de todas las
sociedades, por cuanto constituyen la base del ejercicio de la autoridad y
legitiman todas las instituciones.
Las
actividades económicas, orientadas a promover el bienestar de las comunidades y
en las cuales se expresa la iniciativa y la creatividad individual, son una
base fundamental del desarrollo social. Sin embarego, para alcanzarlo, es
necesario poner en práctica políticas oficiales destinadas a corregir los
desequilibrios de los mercados, complementar los mecanismos comerciales,
mantener la estabilidad social y crear un entorno económico nacional e
internacional que favorezcan el crecimiento sostenible a escala mundial. De esa
manera, la equidad y la justicia social promoverían la tolerancia, la
responsabilidad y la participación.
En efecto,
la participación de la ciudadanía y el acceso a los recursos son factores
fundamentales para la democracia, la convivencia pacífica y el desarrollo
social, concepto éste que exige la creación y fortalecimiento de las
instituciones democráticas, el respeto de todos los derechos humanos, el
aumento de oportunidades económicas equitativas y el afianzamiento del estado
de derecho.
Bajo el
impulso de la revolución tecnológica y de la internacionalización de las
finanzas, de la producción y de los mercados, ha cobrado importancia el
fenómeno de la globalización que interrelaciona las empresas y países en la
conformación progresiva de un sistema mundial cada vez más articulado en una
economía de mercado. En el contexto de este proceso, los países de América
Latina y el Caribe viven un momento crucial de su desarrollo enfrentando
riesgos, desafíos y oportunidades.
En el plano
interno, los países de la región se han adentrado en una nueva fase mediante la
modernización de las estructuras productivas y de reforma del marco
institucional y programático, dejando atrás políticas de proteccionismo y
aislamiento que orientaron su actuación en décadas pasadas. Hoy, la
privatización, la modernización y la apertura económica, son diferentes
expresiones e imperativos de este cambio de concepción.
En su
relanzamiento externo y mediante la liberalización de sus economías, los países
de la región han dado decididos pasos para insertarse activamente en el nuevo
escenario internacional, contribuyendo en el proceso de negociaciones para
acordar un regimen internacional de comercio previsible, con normas claras y
precisas; igualmente, en la conformación de agrupaciones regionales que
encuentran en la vecindad y en la similitud de orígenes, valores, situaciones y
perspectivas, el punto de partida para desarrollar proyectos comunes en
diferentes planos de la realidad.
El proceso
de globalización plantea, sin embargo, viejos y nuevos problemas tales como la
agudización de la pobreza extrema, el aumento del desempleo y la concentración
del progreso técnico, viéndose afectadas las funciones primordiales del Estado
como promotor de la equidad y la justicia social.
América
Latina ha desplegado importantes esfuerzos para superar estos desafíos. No
obstante, estos problemas se interponen como obstáculos al fortalecimiento de
la democracia, la integración social, el aumento de los niveles de vida de la
población y una mayor y más adecuada inserción en el sistema mundial.
Contenido
del Foro
Desde esta perspectiva, el Foro constituyó una oportunidad para reflexionar
respecto a las vinculaciones entre la Justicia Social y la Democracia, a la luz
de los factores económicos, sociales y culturales, presentes en el proceso de
globalización.
La
persistencia de graves desigualdades económicas y sociales en el ámbito
nacional, limita la participación social, afecta a la democracia e impide el
desarrollo y fortalecimiento cabal de la sociedad civil.
Desde un
punto de vista operativo, los conceptos de justicia social y democracia
conducen al análisis de las condiciones y de las medidas que pueden llevar al
logro de un desarrollo integral con equidad para todas las naciones y regiones
del planeta y, en particular, para las naciones que integran la comunidad
iberoamericana que, como pocas, está plena de lazos comunes de origen, cultura
e intereses económicos y políticos.
El Foro
Iberoamericano sobre Justicia Social: Desarrollo Integral con Equidad, abordó
diferentes dimensiones interrelacionadas que se presentan como ámbitos donde se
deben crear las condiciones que permitan fortalecer la democracia y la justicia
social y así alcanzar mejores niveles de vida para los países de la región:
- Ciudadanía
y Democracia, como expresiones esenciales de la justicia social;
- La fuerza del cambio en el sistema mundial y la Justicia Social
Internacional;
- La articulación de lo económico y social y el nuevo papel del Estado;
- Las relaciones entre los binomios empleo-integración social y
probreza-exclusión social;
- El papel de la cooperación en una agenda latinoamericana de crecimiento con
equidad;
- El crecimiento económico y la equidad social: balance y perspectivas para las
naciones iberoamericanas.
Organización
y auspicios
El Foro fue organizado por la Secretaría Pro Tempore de la VII Cumbre
Iberoamericana, con los auspicios de la Agencia Española de Cooperación
Internacional (AECI), la Corporación Andina de Fomento (CAF), el Programa de
las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Secretaría Permanente del
Sistema Económico Latinoamericano (SELA).
ALGUNAS
REFLEXIONES RESPECTO AL CONCEPTO DE JUSTICIA SOCIAL
Domingo Sifontes
Universidad de
Carabobo
dsifontes@uc.edu.ve
No existe concepto más heterogéneo y complicado de asimilar en las ciencias
sociales y específicamente en la economía que el de “justicia social”,
principalmente porque el fin último de la economía no es estudiar los problemas
de justicia social o distributiva, a pesar de la falsa creencia (incluso entre
economistas) que la economía como disciplina tiene el objetivo fundamental de
estudiar dicho problema. La dificultad radica en la conceptualización exacta
del término, es decir, ¿ qué es la justicia social?. Al respecto pueden existir
determinados consensos, sin embargo, básicamente la frase ha sido utilizada
para reivindicar derechos de grupos particulares(no generales) en pro de una
participación más amplia en la vida social.
La pregunta de las 40 mil lochas es ¿ cómo llegar a la justicia social?, luego
¿ en una sociedad de hombres libres podría llegarse a dicho situación?, ¿ una
sociedad justa es la misma para Ramón que para Pedro?, créanme que esto es muy
difícil de responder porque en la medida que las libertades individuales estén
garantizadas cada uno de nosotros tendrá un tipo de sociedad ideal y una forma
de justicia social en la cual creer. Toda esta discusión se establece en el
campo teórico incluso ideológico; el problema grave se presenta cuando se toma
la bandera de la justicia social para hacer política( como ha pasado en
muchísimos países) porque la persona que hace de esta su bandera tiene un
concepto propio de justicia social y en su nombre intentará hacer miles de
cosas que son correctas de acuerdo a su criterio. En el nombre de la justicia
social podría ocuparme de los pobres(cosa que se puede hacer sin alardear del
término) y creerme Robin Hood, el asunto es que cuando te crees Robin Hood,
estas tomando en cuenta sólo un sector de la sociedad: el menos favorecido,
pero, ¿es socialmente justo quitarle a los más favorecidos para dárselo a los
menos favorecidos?, responder SI, es asumir que todo lo que las clases
favorecidas tienen es porque se lo quitaron a los pobres y eso no
necesariamente es así.
En nuestro país hablar de justicia social es una irresponsabilidad porque se ha
tomado como bandera política y así da asco utilizar el término porque se
convierte en burla, eso así, hacia los menos favorecidos. Es un atropello para
la gente que no tiene que comer reivindicar la justicia social cuando me visto
de punta en blanco y uso trajes de miles de $, eso es poco creíble. Es una burla
para la gente que se ha pasado parte de su vida creyendo y estudiando el
concepto de justicia social que en este país la pobreza vaya en aumento cuando
el precio del petróleo es favorable. Es bochornoso ver como gente en nuestro
país (en cada uno de los gobiernos) se ha hecho multimillonaria de la noche a
la mañana. Es triste que cada vez que te montes en autobús alguien suba y pida
por cualquier razón. Es aterrador ver a jóvenes de nuestro país durmiendo en
las calles y con sus vidas completamente destruidas sin tener 25 años de edad.
Es infame ver a políticos de nuestro país hablando de justicia social cuando
después de la declaración van a almorzar tomando whisky 18 años.
La historia económica y política de Venezuela desde hace 25 años nos muestra
que la justicia social es el principal gancho político y a pesar de no haber
logrado grandes cosas, la gente sigue teniendo la esperanza de poder tener una
vida mejor. Muchas veces pregunto si cuando nuestros dirigentes hablan de
“justicia social”, tienen idea de lo que están diciendo. Porque los hechos
demuestran que la contradicción entre el discurso político de la justicia
social y sus logros es enorme. Con la ligereza que se ha tratado el término en
nuestro país, seguramente J.S. Mill y F.A Hayek deben estar revolviéndose en
sus tumbas.
¿Que es Justicia? "Justicia" dice James Madison "es la finalidad
del gobierno y es la finalidad de la sociedad civil". Me gusta esta
definición . Mi tesis es que la justicia y la llamada "justicia
social" están en pugna y que pretender fomentar la última es contrarrestar
la primera.
La justicia, así como la honradez, deben ser la meta de nuestra conducta con
los demás. Cierto que también podemos ser injustos o deshonestos con nostros
mismos, pero eso es otro cantar. La que ahora nos ocupa es un problema social
que cubre la relaciones entre usted y yo y otros individuos, No son grupos o
clases, sino los individuos los que están sujetos a la justicia o injusticia, a
la honradez o deshonestiad, a la armonía o desarmonía. Sabemos que la sociedad
está compuesta por personas como usted y como yo, pero más allá de eso no
tenemos ni remota idea de lo que es la sociedad. La justicia no cabe aplicarse
a todos en general, sólo a cada uno en lo particular.
Lo que hemos dado en llamar sociedad civil consiste de una cantidad diversa y
variante de los individuos, cada uno de por sí un mundo, y que viven
contemporáneamente. Cada uno pude alcanzar el máximo de sus potencialidades
solo en tanto prevalezca la justicia en sus relaciones personales, o sea la
ausencia de injusticia. Comprendida en esta forma, la justicia es en realidad
la finalidad de la sociedad civil.
El Gobierno en su concepcion ideal no puede tener ninguna otra finalidad más
que una justicia común, porque esa es la finalidad de la sociedad civil, de la
cual el gobierno es sólo el instrumento o el agente. A la diosa justicia se la
representa con los ojos vendados precisamente porque si atisba, o mira a
hurtadillas, trampea. Lo que le concierne no es quién es la persona, sino que
fue lo que hizo o de que se la acusa. Tal es el significado de lo que se dice
ser " un gobierno de leyes y no de hombres."
Hemos de admitir que la igualdad de oportunidades, sin favores ni privilegios
especiales para nadie, es un ideal u objetivo un tanto lejano de su realización
y al que apenas podemos aspirar. Sin embargo, no podemos siquiera pretender aproximarnos
a dicho ideal si no comprendemos claramente lo que es la justicia y como puede
alcanzarse. Algunas verdades o realidades pueden contribuir a aclarar nuestras
ideas acerca de la justicia.
"No hagas a otros lo que no quieras que hagan contigo" es una máxima
que puede servirnos de guía de la forma en que cada individuo debe comportarse
hacia los demás. La práctica de la mutualidad y reciprocidad es quizás la forma
más acertada y por la cual nos podemos aproximar más al alcance de la justicia.
Podemos también hacer la prueba de lo que es bueno y justo aplicando el
principio de universalidad a la máximas que nos sirven de guía. Por ejemplo:
Tengo derecho moral a la propia vida, a poder adquirir los medios de vida y a
la libertad. ¿Es esto justo? Si, siempre que concedamos el mismo derecho a los
demás. ¿Se puede? Entonces es justo. Probemos ahora enunciando la máxima al
revés. ¿Tengo el derecho a quitar la vida, los medios de vida y la libertad a
los demás? ¿Es esto justo?
Lo sería si pudiésemos racionalmente conceder el derecho de asesinar, robar o
esclavizar a los demás. Pero como racionalmente no podemos conceder ese derecho
a ninguno, no es bueno ni justo.
La institución de la libertad, correctamente entendida, basta para hacer
justicia a cada individuo. John Stuart Mill nos dio la siguiente definición:
" la única libertad que merece el nombre de tal es la que nos permite
perseguir nuestro propio bienestar a nuestra manera, siempre que no intentemos
privar a los demás del mismo derecho o impidamos sus esfuerzos por
alcanzarlo."
Mi propia definición aseguraría, si fuera puesta en práctica, la justicia
universal: Que no existan restricciones hechas por el hombre que limiten el
desenvolvimiento de la energía creadora. Lo cual significa que nadie tendría el
derecho a inhibir a ningún individuo en ningún sentido, excepto el de impedir
cualquier acción destructiva tales como: el fraude, la violencia, el engaño, el
robo, etc.
Las fórmulas expuestas son cuatro maneras de expresar sustancialmente la misma
idea: La Justicia –en contraposición a la concesión de privilegios – es
únicamente la ausencia de represión de las aspiraciones creadoras del
individuo. Dejad a cada cual que persiga sus propios fines, siempre y cuando no
interfiera con la persecusión de los fines pacíficos por los demás. La justicia
correctamente entendida, es como Alejandro Hamilton la definiera:"El
cementerio de la sociedad."
Ahora consideraremos lo que es conocido como "justicia social,"
aunque tanto en teoría como en la práctica dista mucho de ser justicia. La
justicia social refleja la corriente de nuestros tiempos. Es de origen muy
antiguo, aunque todavía sirve de bandera para políticos planificadores que
tratan de ganar votos para alcanzar el poder. La Justicia Social sirve únicamente
para conquistar el poder, no tiene ninguna base racional y es simplemente una
manifestación del complejo de diosificación que hoy día afecta en gran parte de
la humanidad.
En la práctica de la tan recantada Justicia Social, el indivduo es ignorado por
completo. En cambio a la población y a la economía se las considera
globalmente; a los individuos se los clasifica vagamente como ricos y pobres, y
en las votaciones se los toma en cuenta como bloques de finqueros, asalariados,
pensionados, minorías oprimidas, víctimas de desastres, personas desalojadas,
habitantes de palomares, y muchas otras clases de grupos, en la guerra que se
libra contra la pobreza.
Justicia Social es el juego por el cual se "roba al minoritario de Pedro
para ayudar al mayoritario de Pablo." Esta forma de comportamiento
político busca el beneficio de algunos a costa del sacrificio de otros y en
realidad es una forma de lo enunciado por Marx en su fórmula: "de cada
cual según su habilidad a cada cual según su necesidad." No es el hecho de
que la justicia social siga los lineamientos del pensamiento de Marx lo que la
condena. Lo único que atrae nuestra censura es el hecho de que la justicia
queda burlada. Para apreciar la diferencia, sometamos los principios de la
justicia social a alguna de las fórmulas usadas con anterioridad.
La Regla de Oro Si no estuvieras de acuerdo en aprobar que otrosmediante
el uso de la fuerza te quitaran lo tuyo para apropiárselo, tampoco puedes
pretender que se les quite a ellos para tu propio beneficio. La justicia social
esta en pugna con este principio.
Universalidad Si no puedes racionalmente aprobar la práctica del despojo
legal por parte de otros como medio de enriquecerse, tampoco puedes aprobarlo
como medio de enriquecimiento propio. La justicia social resulta totalmente
antagónica a este principio.
La persecución del propio bien siempre que a los demás no se les prive del
mismo derecho. La justicia social persigue exactamente el fin opuesto, o
sea el de privar a los demas en beneficio propio.
Que no existan restricciones hechas por el hombre que impidan el
desenvolvimiento de energías creadoras. La justicia social busca premiar al
indolente, penando y restringiendo a los que han ejercitado su energía
creadora.
La llamada justicia social es la mayor injusticia del hombre para con el
hombre. En vez de cimentar y consolidar a la sociedad, fomenta la codicia de
poder y privilegio y es la semilla que germina en la corrupción y caída del
hombre.
Finalmente, la justicia social en modo alguno se ajusta a la pretensión de sus
partidarios, quienes afirman que es una expresión de misericordia y piedad.
Estas virtudes son de carácter estrictamente personal y hallan expresión
únicamente en la voluntaria donación de lo que es de uno, nunca en la acción de
arrebatar y redistribuir las posesiones de los demás.
Los ciudadanos que actúan motivados por una educación moral y ética deben
condenar una filosofía tal como la llamada justicia social, salvo en caso de no
darse cuenta de la terrible injusticia involucrada en la misma.
Definiendo la justicia
social
Michael
Novak
Traducción: Adolfo Rivero
El año pasado fue el centenario del nacimiento de
Friederich Hayek, entre cuyas muchas contribuciones al siglo XX estuvo una
enérgica y sostenida crítica a la mayoría de los usos del término
"justicia social". Nunca he encontrado un escritor, religioso o
filosófico, que respondiera directamente a las críticas de Hayek. Para tratar
de comprender la justicia social en nuestro tiempo, no hay mejor lugar para
empezar que con el hombre que, en su propia vida intelectual, fue ejemplo de
esa virtud cuyo mal uso tanto deploró.
El problema con la "justicia social`` empieza con el
significado mismo del término. Hayek señala que se han escrito libros y
tratados completos sobre la justicia social sin haberla definido nunca. Se
permite que el concepto flote en el aire como si todo mundo fuera a reconocerlo
cuando aparezca un ejemplo. Esa vaguedad parece indispensable. En el mismo
momento en que uno empieza a definir la justicia social, choca con embarazosas
dificultades intelectuales. En la mayoría de los casos, se vuelve un término
práctico cuyo significado operativo es,
"Necesitamos una ley en contra de esto.`` En otras palabras, se convierte
en un instrumento de intimidación ideológica con el objetivo de conseguir el
poder de la coerción legal.
Hayek señala otro defecto de las teorías de la justicia
social del siglo XX. La mayoría de los autores afirman que lo utilizan para
designar una virtud (una virtud moral, según ellos). Pero la mayoría de las
definiciones que le adjudican pertenecen a un estado de cosas impersonal -
"alto desempleo" "desigualdad de ingresos" o "carencia
de un salario decente" se citan como ejemplos de "injusticia
social". Hayek va derecho al centro del problema: la justicia social es o
una virtud o no lo es. Si lo es, sólo puede adscribirse a los actos deliberados
de personas individuales. La mayoría de los que usan el término, sin embargo,
no lo adscriben a individuos sino a sistemas sociales. Utilizan "justicia
social" para designar un principio regulador de orden. No están centrados
en la virtud sino en el poder.
El término "justicia social" fue utilizado por
primera vez en 1840 por el cura siciliano Luigi Taparelli d`Azeglio, y recibió
prominencia en La Constitutione Civile
Secondo la Giustizia Sociale, un folleto de Antonio Rosmini-Serbati
publicado en 1848. 13 años después, John Stuart Mill en su famoso libro Utilitarismo le brindó un prestigio casi
canónico para los pensadores modernos:
"La sociedad
debería de tratar igualmente bien a los que se lo merecen, es decir, a los que
se merecen absolutamente ser tratados igualmente. Este es el más elevado
estándar abstracto de justicia social y distributiva; hacia el que todas las
instituciones, y los esfuerzos de todos los ciudadanos virtuosos, deberían ser
llevadas a convergir en el mayor grado posible``.
Mill imagina que las sociedades pueden ser virtuosas de
la misma forma en que pueden serlo los individuos. Quizás en las sociedades
altamente personalizadas de tipo antiguo, semejante uso pudiera tener sentido -
bajo reyes, tiranos o jefes tribales, por ejemplo, cuando una persona toma
todas las decisiones sociales cruciales. Curiosamente, sin embargo, la demanda
por el término de "justicia social" no surgió hasta los tiempos
modernos, en que sociedad más complejas están regidas por leyes impersonales
aplicadas con la misma fuerza a todos por igual gracias "al imperio de la
ley".
El nacimiento del concepto de justicia social coincidió
con otros desplazamientos en la consciencia humana: la "muerte de
Dios" y el ascenso de la idea de la economía dirigida. Cuando Dios
"murió", la gente comenzó a confiar en la arrogancia de la razón (ver La Arrogancia Fatal) y en su inflada ambición de hacer lo que el mismo Dios no había hecho:
construir un orden social justo. La divinización de la razón encontró su
extensión en la economía dirigida; la razón (es decir, la ciencia) dirigiría y
la humanidad seguiría colectivamente. La muerte de Dios, el ascenso de la
ciencia y de la economía dirigida nos trajeron " el socialismo
científico". Donde la razón fuera a dirigir, dirigirían los intelectuales.
(O eso pensaron algunos. En realidad, dirigirían los obsesos por el poder.)
De este tipo
de razonamiento se desprende que la "justicia social" tendría su fin
natural en una economía dirigida. En efecto, es ésta se le dice a los
individuos qué hacer. La "justicia social" presupone: (1) que la gente está guiada por directivas
externas específicas en vez de por reglas de conducta interiorizadas sobre lo
que es justo. Y (2), que ningún
individuo debe ser considerado responsable por su posición en la sociedad. Afirmar que es responsable sería
"echarle la culpa a la víctima". En realidad, la función del concepto
de justicia social es echarle la culpa a otro, echarle la culpa "al
sistema", echarle la culpa a los que (míticamente)a "lo
controlan". Como ha escrito Leskek Kolakowski en su magistral historia del
comunismo, el paradigma fundamental de la ideología comunista: usted sufre, su sufrimiento es causado por
personas poderosas; hay que destruir a esos opresores tiene garantizado un
inmenso atractivo.
Es cierto, acepta Hayek, que los efectos de las opciones
individuales y los procesos abiertos de una sociedad libre no están
distribuidos según un reconocible principio de justicia. Algunas veces, los que
tienen mérito son trágicamente infortunados; la maldad prospera, las buenas
ideas languidecen y, en ocasiones, los que las respaldan, lo pierden todo. Pero un sistema que valora tanto el ensayo
y el error como la libertad de elegir no está en posición de garantizar
resultados. Por otra parte, ningún individuo (y ciertamente ningún Buró
Político ni comité ni partido) puede designar reglas que tratarían a cada
persona de acuerdo con sus méritos e, inclusive, de sus necesidades. Nadie tiene suficiente conocimiento de todos
los detalles relevantes, y como ha señalado Kant, ninguna regla general puede
ser lo suficientemente fina como para captarlos.
Hayek hizo
una tajante distinción, sin embargo, ente los fallos de la justicia que
implican la ruptura de normas generalmente acordadas de equidad y las que
consisten en resultados que nadie ha designado, previsto ni ordenado. El primer
tipo de fallo merece su severa condena moral. Nadie debe de romper las reglas
establecidas; la libertad impone graves responsabilidades morales.
El segundo tipo de fallo, sin embargo, puesto que no se
deriva de ningún acto voluntario ni deliberado de nadie, no le parecía un
problema moral sino una característica inevitable de todas las sociedades y, en
realidad, de la naturaleza misma. Calificar
resultados infortunados de "injusticias sociales" conduce a un ataque
a la sociedad libre con el objetivo de moverla hacia una sociedad dirigida. Es
por eso que Hayek se opone enérgicamente al uso de ese término. El expediente
histórico de economías dirigidas como el nazismo y el comunismo justifican su
profunda repugnancia ante ese modo de pensar.
Hayek reconoció que a fines del siglo
XIX, cuando el término "justicia social" ganó prominencia, se usó al
principio como un llamamiento a las clases dirigentes para que atendieran las
necesidades de las nuevas masas de desarraigados campesinos que se habían
convertido en obreros urbanos. A eso, él no tenía objeción. Lo que sí objetaba
era al pensamiento chapucero. Los pensadores descuidados olvidan que la justicia, por definición, es
social. Semejante descuido se vuelve
positivamente destructivo cuando el término de "social" ya no
describe el producto de las virtuosas acciones de muchos individuos sino más
bien el objetivo utópico hacia el que
todas las instituciones y todos los individuos "deberían ser llevadas a convergir en el mayor grado posible`` mediante la coerción. En ese caso, el
"social" de la "justicia social" se refiere a algo que no
emerge orgánica y espontáneamente del comportamiento respetuoso de la ley de
individuos libres sino más bien de un ideal abstracto impuesto desde arriba. Y
es bueno subrayar que el mismo Hayek vio su vocación como pensador en una vida
de servicio al prójimo.